11 sept 2011

Cada maestro semanalmente tiene el privilegio de que Dios coloque muchos corazones en sus manos. ¿No es eso suficiente como para responder con solemnidad y fervor a esa vocación? Si barro fuera la vida, los maestros estamparían sus huellas en el alma. Para realizar la tarea hay que tener vocación. La vocación es mucho más que conocimientos y muy buena disposición. Uno puede tener gracia para ser salvo, pero no para enseñar. El que así trata de hacerlo no edifica lo suficiente con sus palabras, ni es bendecido como debiera.
La palabra maestro en griego es didaktikón, de la cual se deriva didáctica, el arte de enseñar.
Aprende a enseñar. Cuando quieran elegirte como maestro tal vez no tengas suficiente conocimiento de didáctica, pero sí disposición para recibirlo; en ese caso, es mejor esperar hasta el año siguiente e incorporarte en algún curso de preparación que te suministre los conocimientos mínimos de didáctica para que seas de provecho.
En 2 Timoteo 2:2 el apóstol dice: "Esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros". Emplea la misma palabra que ya conocemos (didáchai) que significa enseñar y también la expresión hikanoí en su acepción de idóneos. Esta última palabra es la que se traduce "digno" en 1 Corintios 15:9, pero sería más exacta si se tradujera "competente" o "capaz". El don para enseñar es recibido, pero podemos hacer mucho para desarrollarlo. 



Felíz día para mí :$ ♥